Traviesas
mariposas
Capítulo
1: Mi pequeño pueblo y yo.
Altas
montañas, largos ríos que descienden por las laderas, lagos repletos de
libélulas que revolotean de un lado para otro, y mi parte favorita, las
mariposas que aletean traviesas alrededor de las lavandas, ese es mi pequeño
pueblo, Lavenders Wild. No es un pueblo muy común es más, está aislado, podría
decir que lo habitan 3 o 4 familias, aunque solo conozco a las mas cercanas,
“La familia Keeneper” y “La familia Clapton” Los Keeneper son muy amables y
siempre nos ayudan en todo lo que necesitemos, El padre de familia es Geoffrey,
su esposa es Amber y tienen dos hijos, un varón: Herbert, tiene 5 años y su
hermana Amy, tiene 15. Y luego están los Clapton, que, al contrario de los
Keeneper son un poco... secos, por así decirlo, pero se nota que vienen de
buena familia. Son Gael y Renee Clapton, también tienen un hijo, se llama Ralph
y tiene mi edad. A veces, Ralph me da un poco de miedo... me mira con esos ojos
negros que intimidan, jamás he hablado con él, y con esa mirada... prefiero no
hacerlo. Bueno, ¿qué tal si nos dejamos de describir a los demás y empezamos a
hablar de mi? Bien, me llamo Ione, Ione Bennet, tengo 16 años, pelo castaño
claro, ojos verdes, piel morena, labios gruesos, delgada, estatura media... me
gusta cantar, escuchar música, y me gustaría estudiar arte, desde siempre he
querido tener un lienzo, un pincel, coger un poco de pintura del color más
llamativo que encuentre y deslizar suavemente ese pincel dibujando lo primero
que se me venga a la cabeza, pero, soy pobre, vivo en este pequeño pueblo, y sí,
estudio, pero probablemente, en uno de los peores institutos de mi país. No
tiene suficiente material y solo damos poco de algunas materias, me gustaría ir
algún día a la ciudad y ver que se cuece por allí... pero, está lejisísimo de
aquí y con nuestro viejo coche (también llamado cachibache) no llegaríamos ni a
la plaza del pueblo más cercano. Espero que algún día pueda ir, eso espero...
¡Bien! Seguiré hablando de mi familia, está la abuela, Jane, tiene 70 años,
pero con su energía parece que tiene 20, solo puedo decir que es la mejor
abuela del mundo. Mi abuelo falleció, ya hace 3 años digamos que “lo he
superado” ¡también era el mejor abuelo del mundo! Y le hecho mucho de menos,
mucho. Susan, mi madre 42 años, alegre divertida, mi padre Jean 45 años
gracioso, guay, mi hermano Darian 13 años, simpático y a veces angustioso, y
por último, y no menos importante Belian mi perro, tiene 3 años es muy grande y
peludo, le encanta jugar, correr, pero se cansa con facilidad, es muy goloso y si
fuera por él, se comería toda la comida del mundo... ¿Saben cual es el perro de
Heidi? Igual.
-¡Aaaahhhh!-grité.
Oh, Belian, me has dado un susto de muerte ¿Qué haces aquí grandullón?
-¡Woof!-ladró.
-Ahh, ya
sé, tienes hambre ¿verdad?-dije. Vamos anda, te daré una manzana.-Me levanté de
la hierba, solté mi cuaderno y mi lápiz y corrí con Belian hacia la cabaña. Una
vez allí entré en mi estrecha cocina y busqué una manzana.
-¡Mamaaá!
–grité para que me escuchara, estaba en la sala. ¿Dóonde estaaá la maanzana que
dejeé aquí antees?
-See la
comió tu hermanoo-Gritó.
-¡Mamá,
pero, esa manzana la tenía yo para Belian!-Grité nuevamente.
-Pues hace
un ratoo tuu hermanoo vinoo y se la llevoó.
-hh.. está
bien, Belian, no hay manzanas.-Dije decepcionada.
-Wuu..-Aulló
y noté su desilusión así que me decidí por ir a buscar a mi hermano y coger la
manzana, aunque sea un trocito, pero Belian se quedará contento. Miré por la
ventana y comenzó a llover.
-¡Lluvia!
Me encanta.-Dije para mis adentros.
-Ione, vete
a buscar a tu hermano que está lloviendo y se va a empapar.- Dijo mi abuela
mientras sacaba unos ricos bollitos para la merienda.
Salí
corriendo de la cabaña y empecé a divisar el paisaje a ver si encontraba a mi
hermano. No lo encontré hasta que ví como se movían unos matorrales a lo lejos,
corrí de nuevo y rápidamente retrocedí, cogí mi cuaderno y mi lápiz y entonces
sí fui a buscarle.
Darian se
aproximaba con sigilo a las malas hierbas que yacían de la tierra, más bien
barro, ya que llovía con fuerza, para atrapar aquella horripilante criatura,
capaz de saltar 7 veces más su tamaño imagináos esa bestia, asquerosa, criatura
que no podía ser otra, que un...
-¡¡¡SALTAMONTEESS!!!-
Grité intentando asustar a Darian.
-¡¡¡¡Yiiiaaaaaaahhhhhhh!!!!-Gritó
asustadísimo. ¿¡ESTÁS LOCA!? ¡¡CASI ME MUERO DEL SUSTO!!
-¡Pero si
no fue para tanto!- Dije burlándome.- Y déjate ya de buscar saltamontes, que
tenemos que ir a casa.
-¡¡NOOOO!!-Gritó
otra vez.
-¿¿Y ahora
por qué te pones así??-Dije asombrada.
-N-no, es
que , se me ha escapado...
-¡Ah bueno,
era eso! bah, no pasa nada no los tienes por qué coger todos ¿no? Anda vamos a
merendar.- Miré hacia atrás y vi la manzana con un pequeño mordisco encima de
una piedra musgosa.- ¡Eeeh! Esa es la manzana que tenía guardada para
Belian.-Dije mirándole con cara de desafío.
-Pues me
importa un pepino y parte de otro.-Dijo antipáticamente.
-Pff, que
tonto eres mi niño.-Fui hacia la piedra cogí la manzana y corrimos a la
cabaña.
Mientras
íbamos miré a Darian, y la verdad es que siempre está buscando y atrapando
saltamontes, digamos que los colecciona, aunque luego los suelta. Llueva o no,
mi hermano siempre está con las botas puestas y una red para atraparlos. Ah, es
cierto, antes me distraje con mi perro Belian y su manzana, y no les conté lo
de Darian, en realidad, no es mi hermano, es de otra familia, parece oriental,
lo encontró mi abuelo y mi padre, un día, buscando leña en el bosque lloraba
perdidamente y vieron como unos hombres con flechas corrían y se alejaban del
bebé. Mi abuelo lo cogió, le tapó con una tela que llevaba encima y lo llevaron
a la cabaña, allí estuvo a salvo, mientras, mi abuela y mi madre buscaban a su
familia, pero nunca la encontraron.. al final terminó formando parte de la
familia. Es como si fuera mi hermano, de mi misma sangre, de mi misma familia.
Él sabe que lo encontramos, y no hecha de menos a su verdadera familia dice,
que ni siquiera se acuerda de ellos, a demás dice, que aunque se acordara no
querría estar con ellos, porque le abandonaron, si yo fuera él, pensaría igual.
Y aquí está, con nosotros.
-¡Oye!-Gritó.
-¿Qué?-dije.
-¡Me debes
uno!
-¿Un qué?
–pregunté.
-¡Un
saltamontes!-Afirmó.
-Jajaja,
espera sentado.-Reí.
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